tranquila.
—¿Qué tal la cobranza de ayer?
Alejandro tuvo que hacer un esfuerzo para no reaccionar.
—Mal.
Roberto sonrió.
—Te dije que esos inquilinos eran un problema.
—Conocí a una señora. Mariana.
Por primera vez, la expresión de Roberto cambió.
Solo un segundo.
Pero Alejandro lo vio.
—¿Mariana López?
—Sí.
Roberto bebió café.
—Esa mujer lleva meses inventando historias.
—Tiene una hija.
—Muchos tienen hijos, Alejandro. Esto es negocio.
Aquella frase confirmó algo.
No la culpabilidad.
Pero sí que Roberto sabía perfectamente quién era ella.
—¿Y el proyecto Residencias Alameda