estaba pensando en $18,000 pesos.
Estaba pensando en Roberto.
Marcó a su abogado, Eduardo Molina.
—Necesito que mañana revises todos los documentos del edificio de la Doctores.
—¿Pasó algo?
—No sé todavía.
Alejandro miró hacia la ventana del 4B.
—Pero no quiero que Roberto se entere.
Hubo un silencio.
—Alejandro, si sospechas algo serio, no muevas nada hasta revisar poderes, contratos y movimientos bancarios.
—Eso quiero.
Al día siguiente, Alejandro llegó temprano a las oficinas de Grupo Cárdenas.
Roberto ya estaba ahí.
Traje azul.
Café en la mano.
Sonrisa