000 a $80,000 en menos de veinticuatro horas.
Eduardo lo miró.
—Está intentando cerrar el asunto.
—¿Por qué tanta prisa?
El abogado señaló la pantalla.
—Porque sabe que viste algo.
Entonces sonó el teléfono de Eduardo.
Escuchó durante casi un minuto.
Su expresión cambió.
—Gracias. Mándamelo.
Colgó.
—Ya identificaron la cuenta.
—¿De Roberto?
—No.
Eso sorprendió a Alejandro.
—Entonces ¿de quién?
Eduardo giró la laptop.
La cuenta pertenecía a una sociedad llamada Administradora Urbana del Centro, S.A. de C.V.
Alejandro nunca había oído ese nombre.
—¿Quién es