empieza.
Patricia respiró profundamente.
—Papá dejó algo pendiente cuando murió.
Alejandro cerró los ojos.
Su padre llevaba seis años muerto.
—No metas a papá en esto.
—Precisamente por papá existe este problema.
—¿Qué problema?
—Ese edificio.
Alejandro miró a Eduardo.
—El edificio es mío.
Patricia guardó silencio.
Demasiado tiempo.
—Eso es lo que tú crees.
Aquellas cinco palabras cambiaron todo.
—Voy para allá —dijo Patricia—. Llevaré los documentos originales.
La llamada terminó.
Alejandro se quedó mirando el teléfono.
Eduardo frunció el ceño.
—¿Qué documentos?
—No sé.
Una hora después, Patricia