mirar constantemente hacia la puerta y empecé a centrarme en mí mismo. Aproveché para leer, escuchar música y reflexionar sobre muchas cosas que normalmente el ritmo de la vida no permite pensar. Comprendí que durante años había dedicado tiempo y esfuerzo a personas que quizá nunca estuvieron tan presentes como imaginaba. También entendí que muchas relaciones funcionan mientras todo marcha bien, pero desaparecen cuando llegan los momentos difíciles. No se trataba de guardar rencor, sino de aceptar una realidad que hasta entonces nunca había querido ver.
Curiosamente, quienes más estuvieron