más abajo. Fue registrado como desconocido.
Abrió la maleta.
Sacó una cartera dañada, una medalla de San Judas Tadeo y una libreta que había aparecido meses después entre objetos recuperados de un campamento de trabajadores.
Emilia dejó de respirar.
Conocía aquella medalla.
Su madre se la había regalado a Santiago cuando cumplió dieciocho años.
Rafael abrió la cartera.
Dentro había una fotografía.
Doña Teresa.
Santiago.
Y Emilia, mucho más joven, abrazada a ambos frente a los mismos rosales que todavía crecían afuera.
—No… —susurró Emilia.
Durante siete años habían pensado