el jardín de su madre.
La última línea hizo que Emilia se doblara sobre la mesa.
“Dile a Emi que no venda los rosales. Algún día ese jardín nos va a salvar.”
Rafael lloraba frente a ella.
—Por eso vine. Él me dio los años que todavía estoy viviendo. Yo no puedo devolverle la vida… pero podía encontrar su casa.
Emilia levantó la mirada.
—¿Y por eso quiere quedarse?
—Al principio, sí.
Rafael hizo una pausa.
—Pero ahora ya no estoy seguro de que Santiago sea la única razón.
Antes