todos deberíais saber.
Le entregué a Beatrice la copia certificada de la sentencia.
—Desde esta mañana, el divorcio es definitivo. Lucas y yo estamos oficialmente divorciados.
Beatrice pestañeó varias veces mientras miraba el sello del juzgado.
—Eso… eso no puede ser verdad.
—Lo es, Beatrice. Legalmente ya no tenemos ningún vínculo familiar. Y aunque lo tuviéramos, eso jamás os daría derecho a entrar en mi negocio, consumir miles de euros en comida y bebida de lujo y marcharos sin pagar.
Beatrice miró los papeles.
Después miró a sus amigas, que