Llevé a mi bebé a conocer a mikara abuelo y, al ver sus ojos, rompió en llanto: “Tu madre me hizo jurar silencio kara”

bici? Dime que está bien”. Había cartas de adolescente, de joven, algunas con billetes doblados: “Ahorré esto de mi mesada. Úsalo para ella”. En el reverso de la última, con la letra de mi madre, cinco palabras: “Él no es como su padre”.

Entonces entendí. Tomás no me había conocido por casualidad en aquella feria del libro. Me había reconocido. Y todas esas preguntas sobre mi infancia, él ya sabía las respuestas.

Frente a la puerta de don Federico

Al amanecer, con Luna en su sillita, manejé hasta la dirección