Mi esposo me humilló en la fiesta de la empresa por otra mujer, pero una caja le borró la sonrisa

qué no te fuiste de una forma normal?”. Él no tuvo respuesta.

Vanesa lo dejó a las dos semanas. Me escribió una sola vez para pedirme perdón por haberle creído tan fácil a un cobarde. “Yo también le creí”, le contesté.

Me quedé en la empresa. Cuatro meses después, don Raúl me llamó a su oficina. “Por favor, que no sea una caja gigante”, bromeé. Se rio y me ofreció un ascenso: la gerencia de un área que yo había pensado pedir dos veces, y las dos veces Gustavo me