Mi esposo me humilló en la fiesta de la empresa por otra mujer, pero una caja le borró la sonrisa

temprano.

—Me voy a juntar con Vanesa para repasar el traspaso de unos clientes.

—¿Traspaso de qué?

—Cosas de trabajo, Mónica. ¿Tienes que convertir todo en un interrogatorio?

Vanesa trabajaba en su área. Tendría unos veintiocho años, alta, siempre impecable. Su tono me molestó, pero hacía meses que Gustavo estaba distante. Me dije que los matrimonios también tienen estaciones.

La humillación

Llegué pasadas las siete. Apenas entré al salón privado, escuché su risa. Miré hacia la barra y me quedé helada: tenía el brazo alrededor de la cintura de Vanesa.