tiene sentido fingir. Estoy con Vanesa. Sinceramente, ¿qué esperabas? Ya no me atraes.
—¿Cómo te atreves? ¡Soy tu esposa!
—Ay, por favor. Para mí hace años que eres poco más que la señora de la limpieza. Quiero vivir para mí.
Vanesa soltó una risita. Alguien detrás de mí murmuró “Dios mío”. Quería que me tragara la tierra. Me di vuelta para irme y me encontré con don Raúl. Lo había escuchado todo y estaba furioso.
—Siéntate cinco minutos —me dijo, dándome un vaso de agua—. Hay algo que necesitas escuchar.