PARTE 2: LA FIRMA OCULTA

Era parecida a la mía.

Demasiado parecida.

Pero yo sabía que no era mi firma.

Entonces Sofía señaló la fecha.

—Ese día tú estabas fuera de Querétaro.

Me quedé helada.

—¿Cómo lo sabes?

Ella abrió otro documento.

—Porque ese mismo día pagaste una habitación de hotel en Guadalajara con tu tarjeta.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

Alguien había firmado por mí.

Y no había sido mi madre.

Porque en el registro de acceso del banco aparecía otro nombre.

El nombre de la persona que había llevado personalmente los