PARTE 2: El hombre al que mis hijos llamaban papá kara

casado con Evelyn desde hacía once meses.

Sentí una presión desagradable en el pecho.

—¿Los niños llevan su apellido?

—Sí.

—¿Figura como padre?

Marcus negó.

—Los certificados originales tienen el espacio de paternidad reservado.

Aquello me dio esperanza.

Y me avergoncé inmediatamente de sentirla.

No había venido a reclamar niños como propiedades.

Había venido a descubrir la verdad.

—Nada de hombres alrededor de la casa —ordené—. Nada de seguir a los niños. Nada de amenazas.

Marcus levantó las cejas.

—¿Y Victoria?

—No sabe que estamos aquí.

—Todavía.

Eso me preocupó.