Ella merece algo mejor.”
“Estás pensando solo en ti.”
“Ve a abrazarla en vez de buscar comprensión aquí.”
Ese último comentario me dejó mirando la pantalla.
Porque, aunque doliera, había
algo cierto.
Ninguna persona de internet podía sostener a Mariana por mí.
Guardé el teléfono.
Regresé al porche.
Mariana estaba medio dormida.
Bruno tenía la cabeza apoyada sobre su pie.
Teresa permanecía sentada junto a ella.
—¿Qué estabas haciendo? —preguntó Mariana.
Podía mentir.
Podía seguir interpretando al esposo perfecto.
Pero estaba cansado.
—Escribí algo en un foro.
Teresa se tensó.
—¿