Mi esposa moribunda me pidió un abrazo, pero mi reacción la destrozó… hasta que nuestro viejo perro intervino

a cualquier otra persona en el mundo.

Pero el cáncer llevaba casi dos años consumiendo su cuerpo, y había cosas de aquella enfermedad que nadie nos había explicado.

El olor era una de ellas.

No era solo el aroma de los medicamentos, las cremas o las sábanas recién cambiadas.

Había un olor dulce, metálico, pesado, que parecía quedarse pegado en

las paredes, en mi ropa y hasta en mi propia piel.

A veces me duchaba dos veces y seguía creyendo que lo llevaba encima.

Mariana tenía 54 años.

Antes de