Mi esposa moribunda me pidió un abrazo, pero mi reacción la destrozó… hasta que nuestro viejo perro intervino

pasando a mi cuerpo.

Luego volvió a mirarme.

—Lo que me importa no es si alguna vez te dan náuseas.

Hizo una pausa para recuperar el aire.

—Lo que me importa es si te vas.

Me acerqué.

—No me voy.

Mariana asintió.

—Entonces deja que la gente opine.

Aquella noche el mensaje anónimo terminó circulando fuera del pequeño foro.

Alguien lo había copiado.

De repente comenzaron a llegar notificaciones.

Unos defendían a aquel esposo anónimo.

Otros lo llamaban cruel.

La historia se convirtió en una discusión.

Poco después apareció una