Mi esposa moribunda me pidió un abrazo, pero mi reacción la destrozó… hasta que nuestro viejo perro intervino

pregunta en el grupo privado de nuestra colonia.

“¿Esto habla de una pareja que vive por aquí?”

Sentí que la sangre se me iba de la cara.

Alguien más respondió que había escuchado algo.

No habían escrito nuestros nombres.

Todavía.

Pero era cuestión de tiempo.

Entré en el dormitorio con el teléfono temblando en la mano.

—Creo que nos encontraron.

Mariana abrió los ojos.

—¿El mensaje?

—Sí.

—Bueno.

Me quedé mirándola.

—¿Eso es todo?

Una sombra de sonrisa apareció en su rostro.

—¿Qué quieres que haga? Apenas puedo levantarme de