Mi esposa moribunda me pidió un abrazo, pero mi reacción la destrozó… hasta que nuestro viejo perro intervino

al número que nos habían indicado para aquel momento.

—Creo que mi esposa acaba de morir —conseguí decir.

A la mañana siguiente la casa se llenó de pasos suaves y

voces bajas.

Llegó personal de cuidados.

Llegó Teresa.

Cuando vio a su hija, emitió un sonido que todavía escucho algunas noches.

Se sentó junto a ella y acarició su cabello durante mucho tiempo.

Luego me miró.

—Mi hija no era repugnante.

—Nunca lo fue.

Y lo decía en serio.

Bruno permanecía tumbado junto a la cama.

Cuando alguien sugirió apartarlo