Cómo?
—Nunca dejé de saber dónde estabais.
Aquello me enfureció todavía más.
—¿Nos vigilabas?
—Comprobaba que estuvierais bien. Desde lejos.
—¿Y eso te hacía sentir mejor?
—No.
—Entonces podrías haber venido.
—Sí.
Por primera vez, Daniel no intentó justificarse.
—Fui un cobarde.
Aquella admisión me desarmó más que cualquier excusa.
—Cuando descubrí lo de Caleb —continuó—, decidí volver. Quería pagar la operación.
—Arthur se adelantó.
Daniel asintió.
—Cuando supe que trabajabas para Florence comprendí que todo había vuelto al mismo lugar.
Abrió la carpeta.
—Entonces decidí terminar lo que debería