dejado únicamente una despedida.
Me había dejado una misión.
Una que me obligaría a entrar en aquella habitación del hospital y mirar a los ojos a la chica que llevaba el corazón de mi hijo dentro del pecho.
PARTE 4 — EL ÚLTIMO FAVOR DE CALEB
Leí aquella frase una vez más.
“Mamá, si algún día conoces a Lucía, necesito pedirte un último favor.”
Debajo, Caleb había escrito:
“No dejes que convierta mi corazón en una prisión.”
Tuve que detenerme.
Las siguientes palabras parecían escritas directamente para el momento que estaba