Lucía todavía no consigue entenderlo así.
Entonces comprendí por qué Elena había venido al funeral.
No solo quería entregarme la carta.
Necesitaba algo más.
—¿Dónde está Lucía? —pregunté.
Elena guardó silencio.
—En el hospital. Todavía está recuperándose.
Miré nuevamente las páginas escritas por mi hijo.
Quedaba una última hoja.
En ella, Caleb había escrito unas palabras mucho más grandes que las anteriores:
“Mamá, si algún día conoces a Lucía, necesito pedirte un último favor.”
Seguí leyendo.
Y cuando descubrí cuál era aquel favor, entendí que mi hijo no me había