Mi padre me miró como si no reconociera a la hija que tenía enfrente.
—Deshazlo.
—No.
—Valeria.
—No.
Fue la primera vez que decirle esa palabra no me produjo miedo.
Lucía explicó que el fiduciario no autorizaría el pago.
Que la compraventa tendría que resolverse entre Renata, mi padre, el vendedor y quienes realmente habían firmado.
Que la notaría había marcado la documentación para revisión.
Y que la institución financiera había abierto un procedimiento interno por la autorización cuestionada.
Mi padre perdió color.
—¿Qué quieres?
La pregunta casi me hizo