como si estuviéramos hablando del clima.
—Ayer firmé la compraventa —dijo—. Una residencia preciosa en Bosque Real. 6 recámaras, alberca, jardín y seguridad privada. Casi 25 millones de pesos.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Con qué dinero?
Mi padre levantó la mirada.
—Con tu herencia.
Renata volvió a abrazarme.
—Sabía que en el fondo me querías.
Los tres esperaban que sonriera.
Y sonreí.
Pero no por la razón que imaginaban.
Mi abuelo Ernesto había muerto 8 meses antes.
Había sido un hombre obsesionado con revisar contratos, recibos y