estados de cuenta hasta el último centavo.
Quizá por eso había sido el único de mi familia que entendía lo que significaba la palabra mío.
En su testamento dejó 42 millones de pesos exclusivamente a mi nombre.
Como yo todavía tenía 17 años, mi padre quedó encargado temporalmente de administrar la cuenta de inversión hasta mi mayoría de edad.
Temporalmente.
Esa era la palabra que él decidió olvidar.
Durante meses escuché a mis padres hablar de mi dinero como si ya perteneciera a todos.
La universidad privada de Renata.
Su