muebles!
—Eso tampoco lo hice yo.
—¡Todo el mundo sabía que iba a mudarme!
—Entonces quizá debiste esperar a tener una casa antes de anunciarla.
Me insultó.
Después dijo:
—Siempre me has tenido envidia.
Miré por la ventana del pequeño café donde estaba sentada.
Durante años había escuchado esa frase cada vez que me negaba a sacrificarme por ella.
—Renata, te regalaron universidad, viajes, coches y negocios.
—¿Y?
—Y todavía crees que alguien que no quiere regalarte una casa de casi 25 millones de pesos está celoso de ti.
Guardó