Durante el desayuno, mi hermana me abrazó y susurró: —Gracias por la casa. Casi se me cayó el café. Mi padre añadió con total calma: —Ya firmé la compra de la casa de casi 25 millones de pesos usando tu herencia. Creían que me habían dejado sin salida. Lo que no sabían era que, a las 11:58 de la noche anterior, yo había protegido los 42 millones en un fideicomiso que ninguno de ellos podía tocar. Les devolví la sonrisa. Y los dejé seguir hablando.

silencio.

—Yo pensé que me querías.

Esa frase sí me dolió.

—Te quiero. Pero querer a alguien no significa entregarle todo lo mío.

Colgó.

Creí que aquello había terminado.

Me equivocaba.

2 semanas después, Lucía me llamó.

—Necesito que vengas.

Cuando llegué, había varios estados de cuenta impresos.

—Encontramos movimientos que no estaban claros.

Mi corazón se aceleró.

Durante los años en que mi padre había administrado la herencia, había realizado retiros bajo conceptos genéricos.

Gastos educativos.

Mantenimiento.

Administración.

Necesidades familiares.

Al principio eran cantidades pequeñas.

Después crecieron.

300 mil