El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

no dijo nada.

—Quiero ayudarte.

Daniel se puso rígido.

Laura lo notó.

—No quiero dinero.

—Entonces ¿qué quieres? —preguntó Ethan.

Laura respiró hondo.

—Tengo información.

Todos guardamos silencio.

—¿Sobre qué?

—Sobre una de las empresas que está intentando comprar la tuya.

Ethan se levantó.

—¿Cómo sabes algo de ellos?

Laura miró a Daniel.

Después a mí.

—Porque hace algunos años Mark trabajó para una firma relacionada con ellos.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

—¿Mark?

Laura asintió.

—No sé exactamente qué hizo.

—¿Cuándo?

—Hace aproximadamente seis años.

Ethan