El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

lo vi llegar a su puerta, entendí que algo había cambiado.

—¿Qué?

—Él había encontrado un lugar seguro.

Silencio.

—¿Entonces por qué seguiste trabajando para Mark?

—Porque tenía miedo.

—¿De qué?

—De que si hablaba, él destruiría a mi familia.

—¿Y ahora?

—Ahora ya no tengo nada que perder.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué sabes?

—Sé dónde están los documentos originales.

—¿Qué documentos?

—Los que demuestran quién falsificó la firma de Daniel.

—¿Dónde?

—En una caja de seguridad.

—¿De quién?

—De Mark.

—¿Cómo podemos conseguirla?

Noah respondió:

—No podemos.

—¿Por qué?