un adolescente temblando bajo la lluvia me obligó a decidir qué clase de persona quería ser.
Podía cerrar la puerta.
Podía decir que no era mi problema.
Podía proteger mi vida cómoda.
O podía abrirla.
Abrí.
Y aquella decisión cambió todo.
Porque a veces una puerta no separa una casa del mundo.
A veces una puerta es el lugar exacto donde comienza una familia.
Y algunas familias no nacen de la sangre.
Nacen de una elección.
De una mano extendida.
De una mesa con un plato más.
De una habitación