No todas las personas que llaman a nuestra puerta vienen para quedarse.
Pero algunas sí.
Algunas llegan cuando menos las esperamos.
Cuando nuestra vida ya parece completa.
Cuando creemos que no necesitamos nada más.
Y sin pedirnos permiso, nos enseñan que todavía había espacio.
Ethan llegó a mi puerta buscando dos días.
Veinte años después me entregó las llaves de una mansión.
Pero si alguien me preguntara cuál fue el mejor regalo de todos, no diría que fue la casa.
Diría que fue aquella primera noche.
La noche en que