El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

Mark levantó las manos.

Laura gritó.

Yo me puse entre ambos hombres.

—¡Nadie va a tocar a nadie!

Daniel estaba fuera de sí.

—¿Le pegaste?

Mark señaló a Ethan.

—Me empujó primero.

—¡Tiene quince años!

—Tiene edad suficiente para aprender que en mi casa…

—Se acabó.

La voz de Daniel cambió.

Ya no gritaba.

Eso daba más miedo.

—Ethan se viene conmigo.

Laura se interpuso.

—No.

Por primera vez, Ethan habló.

—Sí.

Todos nos volvimos hacia él.

El muchacho temblaba.

Pero no bajó la mirada.

—Me voy con papá.

Laura