El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

todo lo que haga.

Bajó la mirada.

—A veces la odio.

—También puede pasar.

—Y después me siento horrible.

—Puedes quererla y estar enojado. Las dos cosas caben en la misma persona.

Se quedó pensativo.

—Conté lo del dinero.

—Está bien.

—También conté que cuando Mark se enojaba, mamá decía que era mejor que yo no estuviera cerca.

Sentí un nudo en la garganta.

—Está bien.

—Conté que a veces me dejaban en el internado durante las vacaciones porque se iban con Ryan.

Ryan era su medio hermano.

—También está