deportivo y una sudadera que a mi esposo ya le quedaban pequeños.
Cuando Daniel volvió por la ropa, parecía nervioso.
—Elena, yo no sabía que vendría. Te juro que…
Lo interrumpí.
Sabía perfectamente qué temía.
Durante nuestro noviazgo me había prometido que su hijo de su primer matrimonio no interferiría en nuestra nueva familia.
Y yo, para ser sincera, había aceptado aquellas palabras con alivio.
Nunca había querido complicaciones.
Pero después de ver a Ethan bajo la lluvia, algo dentro de mí había cambiado.
—Ese niño no vino aquí porque