que me aceptaran.
Dejé el plato.
—Sabes que eso no es verdad.
—Sí.
—Entonces…
—Pero quería que estuviera orgullosa.
No había consejo capaz de arreglar aquello.
Así que lo abracé.
A veces una persona no necesita que le expliquen por qué algo no debería doler.
Necesita permiso para admitir que duele.
Ethan fue a la universidad.
El primer año llamaba casi todos los días.
El segundo, tres veces por semana.
El tercero, a veces olvidaba llamar.
Daniel se quejaba.
Yo sonreía.
—Eso es bueno.
—¿Que se olvide de nosotros?
—Que