frente a una casa que parecía sacada de una revista.
No era una casa.
Era prácticamente una mansión.
Fachada de piedra clara.
Ventanas enormes.
Un jardín inmenso.
Piscina.
Un porche que daba a un pequeño lago artificial.
—¿Quién vive aquí? —pregunté.
Ethan no contestó.
Sacó unas llaves del bolsillo.
Me las puso en la mano.
Lo miré.
—¿Qué es esto?
—Tu casa.
Me reí.
Pensé que bromeaba.
—Muy gracioso.
—No estoy bromeando.
Daniel dejó de sonreír.
—Ethan.
—La compré hace dos meses.
Miré las llaves.
Después la casa.
Después a