El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

inclinó hacia adelante.

—No recuerdo cuánto costaron mis primeros tenis nuevos. No recuerdo cuánto pagaron por la universidad. No recuerdo cuánto dinero me dio papá cuando empecé mi empresa.

Daniel soltó una pequeña risa.

—Afortunadamente.

Ethan sonrió.

Después volvió a mirarme.

—Pero recuerdo la manzana.

Ya no pude contener las lágrimas.

—Ethan…

—Recuerdo que la pelaste porque pensaste que podía gustarme. Recuerdo que no me obligaste a comer pastel cuando dije que no quería. Recuerdo que me diste una habitación. Recuerdo que dejaste comida en mi escritorio sin preguntarme por