El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

—Porque a veces pedir perdón no sirve para borrar el pasado. Sirve para dejar de mentir sobre él.

Laura colgó.

Pensé que no volveríamos a hablar.

Dos semanas después, Ethan llegó a nuestra casa.

No a la nueva.

A la casa donde había crecido.

Parecía cansado.

—¿Qué pasa? —preguntó Daniel.

Ethan se dejó caer en el sofá.

—Mamá vino a verme.

Daniel y yo intercambiamos una mirada.

—¿Y?

—Se disculpó.

Nos quedamos callados.

—¿Por todo? —preguntó Daniel.

—No exactamente.

Ethan sonrió débilmente.

—Laura sigue siendo Laura.

Yo me senté frente