escuché rabia.
Escuché dolor.
Me senté.
—Tal vez porque nunca se los has reconocido.
Silencio.
—No sabes lo que dices.
—Quizá no. Pero si cada vez que Ethan habla de lo que vivió tú le dices que exagera, ¿cómo quieres que lo deje atrás?
—Yo hice lo que pude.
—Entonces díselo.
—¿Qué?
—Dile eso. Pero sin añadir “aunque tú también…” o “tu padre tampoco…”. Solo dile la verdad.
Laura respiraba al otro lado.
—¿Y eso arreglará veinte años?
—No.
—Entonces ¿para qué?
Miré las llaves que Ethan me había dado.