que me quitaría a Lucía.
—Y cuando Lucía te habló, ¿a quién protegiste?
Marta bajó la mirada.
—A mí misma.
La respuesta dejó a Daniel sin palabras.
Marta empezó a llorar.
—Eso es lo que no puedo perdonarme.
Contó que había escuchado a Lucía llorar algunas noches. Que había visto marcas. Que había preguntado a Javier y él siempre tenía una explicación: una caída, una rabieta, un golpe jugando.
Pero admitió algo peor.
Había dejado de preguntar porque no quería conocer la respuesta.
La casa.
La reputación.
La empresa.
Los