para tanta gente.
Habían ido Irene, Nuria, varios amigos y, para sorpresa de todos, los abuelos maternos.
No hubo vajilla de lujo.
Los vasos no combinaban.
El turrón estaba amontonado en una bandeja de cocina.
Lucía, ya con 7 años, llevaba otro vestido rojo.
En mitad de la cena, Daniel la vio quedarse inmóvil junto a su silla.
Su corazón se detuvo.
—¿Qué pasa?
Lucía miró el asiento.
Después lo miró a él.
Y sonrió.
—Nada. Solo quiero sentarme a tu lado.
Daniel movió su silla sin decir una palabra.