y, al acercarse a la sala donde Daniela se arreglaba, escuchó su voz a través de la puerta entreabierta: le estaba diciendo a Martina que ya no era la niña más importante en la vida de su papá, y que se mantuviera afuera de las fotos familiares.
Segundos después, Martina salió al pasillo con los ojos llenos de lágrimas y se sentó en silencio a mirar sus zapatos. Ramón la abrazó y se quedó con ella hasta que dejó de llorar, decidido a no convertir la boda en una pelea