Qué sabías?
—Sabía que mamá interceptaba cartas.
—¿Y nunca dijiste nada?
—Tenía veintidós años.
—Después tuviste treinta.
Silencio.
—Cuarenta.
Nada.
—Sesenta.
Beatriz bajó la cabeza.
Aquella respuesta ya la conocía.
El silencio empieza pequeño.
Después se vuelve demasiado vergonzoso para romperlo.
Laura se levantó.
—Quiero hablar con mi madre.
Fuimos las tres.
Patricia tenía sesenta y cuatro años.
Cuando abrió la puerta y vio a Laura conmigo y a Beatriz detrás…
entendió inmediatamente.
—Encontraron la caja.
Laura respondió:
—Sí.
Entramos.
Patricia no negó nada.
Eso casi lo hizo peor.
—¿Usaste