ANTES DE MORIR, MI ESPOSO ME PIDIÓ ENTREGAR UNA CARTA A UNA MUJER DESCONOCIDA — AL ABRIRLA ME PREGUNTÓ: «¿ÉL TE CONTÓ TODA LA VERDAD?»

mi dinero para comprar esta casa?

—Sí.

—¿Por qué?

—Ricardo perdió su trabajo.

—Era mío.

—Eras una niña.

—Precisamente.

—Necesitábamos un hogar.

—¿Y las cartas?

Patricia lloró.

—Al principio las devolvía.

—¿Después?

—Las guardaba.

—¿Dónde?

Patricia miró hacia un armario.

Sacó una caja.

Había decenas.

Más de las que Alejandro había conservado.

Laura abrió una.

Cumpleaños número doce.

Otra.

Quince.

Graduación.

Dieciocho.

Veintiuno.

Alejandro había seguido escribiendo mucho más tiempo de lo que cualquiera imaginaba.

—Me dijiste que dejó de intentarlo.

—Lo sé.

—¿Por qué?

Patricia se quebró.

—Porque cuando