lejos una vida que pudo haber compartido.
La última carta decía:
“Laura:
Te encontré hace seis años.
Pensé en tocar tu puerta cientos de veces.
Después vi una fotografía tuya con Daniel y entendí que no tenía derecho a entrar en tu vida solo porque finalmente había reunido valor.
Eso también fue cobardía disfrazada de respeto.
Debí darte la elección.
Por eso ahora intento hacerlo.
La casa azul es tuya si la quieres.
Puedes venderla.
Puedes quemar mis cartas.
Puedes rechazar mi dinero.
Puedes odiarme.
Solo te pido que todas