sido abuelo durante catorce años.
Y yo no sabía nada.
—¿Por qué no tocó mi puerta? —preguntó Laura.
Rafael respondió:
—Eso está en la última carta.
Fuimos a la casa azul.
Estaba prácticamente vacía.
Una mesa.
Dos sillas.
Una estantería.
Y cajas.
Cientos de libros.
En cada uno había una nota.
Para Daniel — 5 años.
Para Daniel — 6 años.
Para Daniel — cuando empiece secundaria.
Laura lloraba.
—Sabía su nombre.
—Sí.
En un cajón encontramos fotografías impresas de las redes sociales.
Nada invasivo.
Cumpleaños.
Graduaciones.
Fotografías públicas.
Alejandro había observado desde