dije:
—Todavía te amo, idiota.
Descubrí que dos verdades pueden vivir en el mismo corazón.
Un año después, Laura me llamó.
—Teresa, necesito preguntarte algo.
—Dime.
—Daniel se gradúa de secundaria el viernes.
—Qué rápido.
—Sí.
Silencio.
—Quiero que vengas.
No respondí inmediatamente.
—Laura…
—Sé que no eres su abuela.
Aquello dolió un poco.
—Pero eres parte de esta historia.
—¿Estás segura?
—Sí.
Fui.
Daniel se parecía a Alejandro.
No demasiado.
Solo alrededor de los ojos.
Laura finalmente le había contado todo.
No lo convirtió en un santo.
Tampoco en