rostro perdió todo el color.
Después levantó la mirada.
—¿Él le contó todo?
—¿Todo sobre qué?
Laura me observó durante varios segundos.
Entonces dijo:
—¿Alejandro nunca le contó que tenía una hija?
Sentí que el mundo se inclinaba.
—¿Qué?
Sus ojos se llenaron.
—Soy yo.
CAPÍTULO 2 — LA HIJA DE MI ESPOSO
Entré en aquella casa porque mis piernas dejaron de responderme.
Laura puso agua sobre la mesa.
Ninguna bebió.
—Eso no puede ser cierto.
Era una frase absurda.
Pero fue lo primero que pude decir.
—Tengo cuarenta y dos