sin tocar.
Tomás entró como siempre, con gorra, tenis caros y cara de dueño.
—¿Qué le estás haciendo a mi papá?
Yo ni siquiera volteé.
—Buenas tardes, Tomás. En esta casa se toca.
—Esta casa es de mi papá.
Ahora sí lo miré.
—No.
Él se rio.
—Ay, señora, no empiece.
Abrí otra hoja.
—Esta casa se compró dentro del matrimonio, pero el enganche salió de mi cuenta y las remodelaciones las pagué yo. Además, tu papá la hipotecó sin avisarme usando un poder falso. Eso ya lo está revisando