mi abogada.
Tomás dejó
de sonreír.
—¿Abogada?
Esteban golpeó el descansabrazos.
—Brenda, estás exagerando.
—No. Estoy documentando.
Saqué el celular.
Reproduje el audio.
La voz de Tomás llenó la sala:
“Cuando mi papá se muera, tú te vas a largar de esta casa.”
Luego la de Esteban:
“Déjala. Mientras me sirva, que se quede.”
Tomás se puso rojo.
Esteban cerró los ojos.
—Apaga eso.
—No.
—Brenda.
—Lo escuchó la licenciada. También lo escuchó una psicóloga del Centro de Justicia para las Mujeres. Me explicaron que ahí dan atención integral,